Los errores que cometí de principiante en la elaboración de cerveza

Ya llevo casi 3 años haciendo cerveza. En el último año he estado haciendo casi una cerveza semanal, gracias a que hago lotes de un galón (3.9 litros) lo que me permite  rápidamente catar mis experimentos y afinar las recetas para los próximos lotes.

En un comienzo, la elaboración de cerveza era un completo misterio para mí. No tenía ni la más mínima idea de cómo, a partir de las maltas y el lúpulo, se podría lograr una cerveza balanceada y perfectamente carbonatada.

Sin embargo,  gracias a que ya llevaba ciertos años viviendo en Estados Unidos, tenía conocimiento de muchos tipos de cerveza, y había probado muchísimas cervezas artesanales, así como cervezas experimentales con ingredientes únicos que nunca imaginé usar en cervezas.

Improvisación con el equipo

Mi primer gran error en la elaboración de cerveza fue improvisar con el equipo.

Mi esposa me regaló un kit de preparación de cerveza que incluía todo el equipo de fermentación, pero no incluía elementos para embotellar.

Mi primera cerveza tuvo una carbonatación muy inconsistente porque – créanlo o no – tapé botellas con tapas usadas, las cuales había destapado con mucho cuidado para que no se deformaran.

Estas tapas entraron a presión en las botellas y luego las cubrí con cinta gruesa. Sin embargo, esto no fue suficiente para evitar que el CO2 se escapara de la mayoría de las botellas. Sólo una botella tuvo muy buena carbonatación, y fue una experiencia completamente sorprendente en ese entonces. Me acuerdo que hubo celebración en la casa por ese logro.

Contaminación por oxigenación

Luego de entender que tapar las botellas con tapas usadas era un error garrafal, comencé a embotellar en jarras de cerveza, las cuales son muy versátiles porque tienen tapa mecánica y no necesitan de equipo adicional.

Estas jarras permiten una carbonatación ideal, el problema es que al abrirlas la cerveza entra en contacto con oxígeno y se oxida con el tiempo, así que uno se ve obligado a consumir la cerveza en el menor tiempo posible.

Otro error similar que cometí fue embotellar cerveza carbonatada de la jarra. Así quede bien embotellada, la cerveza ya ha entrado en contacto con el oxígeno, y si no se consume en el mismo día se oxida, tomando una apariencia muy similar a la leche cortada.

Utilización de agua directamente de la llave

El agua es un ingrediente principal en la cerveza. Cuando se usa agua directamente de la llave se corre el riesgo de agregarle sabor a cloro a la cerveza.

Hoy en día utilizo un filtro de carbón activado para neutralizar el sabor del agua.

Exceso de creatividad

Luego de dos lotes de cerveza relativamente satisfactorios, cogí confianza y comencé a investigar sobre cualquier tipo de ingredientes para agregar a mis recetas.

Esto en cierta forma no es negativo, lo que pasa es que cuando aún no se tiene práctica en la elaboración de cerveza, ni conocimiento acerca de los sabores que imparten las maltas y los lúpulos en la misma, existe mucha probabilidad de combinar ingredientes inapropiadamente.

Uno de mis experimentos iniciales fue una IPA con roble, que afortunadamente quedó bien, pero recuerdo haber hecho una stout muy astringente por haberle agregado mucha cantidad de chocolate en la mitad del hervor así como un intento de dubbel con azúcar belga muy fuerte que no fui capaz de tomármela.

Luego de esos intentos fallidos comencé a ser más metódico en la exploración de ingredientes, incluyendo maltas y lúpulo. En vez de combinar todos los ingredientes al mismo tiempo, comencé a utilizar uno por uno para entender sus efectos en las cervezas, y así diseñar cervezas con más precisión.

Impaciencia

Recuerdo que al principio no le daba suficiente tiempo a cada etapa de la preparación de cerveza, y por ende resultaba tomando cerveza verde.

Cuando no se cuenta con el equipo de para medir la gravedad inicial y final de la cerveza no se sabe exáctamente cuando la levadura ha terminado de fermentar el mosto. Además, si no se cuenta con el equipo para controlar de la temperatura del mosto durante la fermentación, es muy probable que la levadura tarde un poco más de tiempo en fermentar la cerveza.

Cuando se embotella la cerveza sin haber terminado la fermentación, es muy probable que termine uno con cervezas con mucho gas – en el mejor de los casos, o con botellas estalladas durante la carbonatación. Por eso es mejor darle mucho más tiempo a la levadura para que fermente la cerveza – diría unas tres semanas – cuando no se cuenta con el equipo para medir la gravedad inicial y final.

Por otra parte, recuerdo que comenzaba a consumir las cervezas al día siguiente de haberlas metido a la nevera. Con el tiempo aprendí que el acondicionamiento en frío limpia la cerveza de sabores indeseados, sobre todo cuando se carbonata naturalmente con ingredientes como miel de abeja o miel de maple.

 

 

Autor: Luis Cuellar

Cervecero artesanal, Fotógrafo.

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